El Niño, cambio climático y desastres en cadena: las lecciones del aluvión de Las Condes


El 8 de octubre de 2026, una corriente de barro, rocas y restos vegetales descendió por quebrada Honda, en San Carlos de Apoquindo. Arrastró vehículos, ingresó a viviendas y transformó una tarde de lluvia en una emergencia. Sin embargo, la historia de ese aluvión había comenzado mucho antes: en una cuenca afectada por años de sequía y por un incendio forestal ocurrido nueve meses atrás.

El caso permite formular una pregunta que trasciende a Santiago: ¿qué ocurre cuando la variabilidad natural de El Niño se desarrolla en un país que se calienta y cuyos ecosistemas y ciudades acumulan vulnerabilidades?

Una tormenta breve sobre una cuenca que había cambiado

La cuenca de quebrada Honda tiene cerca de 10,6 km² y se extiende por la precordillera de Santiago. Según el análisis preliminar del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), se quemó casi por completo durante el incendio iniciado el 29 de diciembre de 2025. El fuego alteró la vegetación y las propiedades del suelo, condiciones que pueden aumentar la escorrentía y el arrastre de sedimentos.

Los días 6 y 7 de octubre, un río atmosférico aportó abundante humedad a Chile central. El día 8, una baja segregada favoreció tormentas convectivas de corta duración sobre la precordillera. En la estación Río Molina, situada a unos siete kilómetros del centro de la cuenca, se registraron 42,8 mm durante esa jornada: 31,6 mm entre las 15:00 y las 19:00, con un máximo de 10,9 mm en media hora. No existe, según el CR2, una medición pluviométrica directa dentro de quebrada Honda, por lo que esas cifras no deben confundirse con la lluvia exacta que cayó allí.

La isoterma de cero grados se situó cerca de los 2.800 metros de altitud, por encima de la cuenca: la precipitación cayó como lluvia y no como nieve. El agua encontró laderas empinadas y un terreno previamente afectado por el fuego. Esa combinación ayuda a explicar la rapidez del flujo, aunque todavía requiere estudios detallados para cuantificar cada contribución.

Fuente principal: análisis científico del CR2, 9 de octubre de 2026.

La larga cadena: sequía, incendio y aluvión

El fuego puede eliminar la cobertura vegetal que amortigua la lluvia, debilitar raíces y modificar la estructura del suelo. En algunos terrenos quemados se forman capas que dificultan la infiltración; en otros, la erosión deja material fácilmente movilizable. Los efectos no son idénticos en todas las cuencas y retirar indiscriminadamente la vegetación quemada puede agravar ciertos procesos.

El CR2 describe este tipo de situaciones como eventos compuestos con impactos en cascada: la degradación ambiental y la sequía condicionan la vegetación; un incendio modifica la cuenca; una lluvia intensa activa la remoción de sedimentos; y la exposición de viviendas e infraestructura convierte el proceso en desastre. No hay una única causa suficiente para explicar todos los daños.

¿Qué tiene que ver El Niño?

El Niño es la fase cálida de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), una variación natural del océano y la atmósfera tropicales del Pacífico. Puede favorecer configuraciones atmosféricas asociadas a mayores precipitaciones en Chile central, pero no permite anticipar por sí solo cuándo y dónde se producirá una tormenta.

El 8 de octubre de 2026, la NOAA informó que El Niño continuaba fortaleciéndose. El índice Niño 3.4 registraba una anomalía de +2,1 °C y el organismo estimaba una probabilidad superior al 83 % de condiciones fuertes a muy fuertes durante enero-marzo de 2027. Son indicadores del Pacífico ecuatorial, no temperaturas del aire en Chile ni predicciones directas de un aluvión.

El análisis del CR2 relaciona las precipitaciones extraordinarias de octubre con la circulación atmosférica favorecida por el episodio de El Niño, junto con ríos atmosféricos y condiciones meteorológicas regionales. Esto ayuda a explicar el contexto de las tormentas, sin convertir a El Niño en una causa única del flujo de detritos.

Fuentes: NOAA, discusión ENOS del 8 de octubre de 2026; CR2, análisis de quebrada Honda.

Cambio climático: un telón de fondo que importa

El Niño y el cambio climático no son sinónimos. El primero es una oscilación natural que cambia de fase en escalas de meses y años. El segundo es una transformación de largo plazo impulsada principalmente por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero.

La Dirección Meteorológica de Chile informó que 2025 fue el decimosexto año consecutivo con temperaturas nacionales superiores al promedio histórico. La temperatura media alcanzó 13,44 °C, equivalente a +1,13 °C respecto de 1961-1990, mientras que las precipitaciones presentaron un déficit nacional de 25,8 %. La década 2016-2025 fue la más seca de la serie comparable, con un déficit promedio de 21,5 %.

Estas tendencias muestran por qué sequía e inundación pueden coexistir: una reducción de la lluvia anual no impide episodios muy intensos y concentrados. Un clima más cálido también puede modificar el vapor de agua disponible, la nieve y el comportamiento de los ecosistemas. Sin embargo, atribuir una fracción precisa del aluvión de Las Condes al calentamiento global requiere un estudio de atribución específico. Los investigadores del CR2 consideran plausible su influencia, pero advierten que aún no es posible cuantificarla con certeza.

Fuente: Dirección Meteorológica de Chile, balance climático 2025.

Los efectos ambientales: cuando una cuenca pierde capacidad de amortiguación

La pérdida de vegetación, la erosión y la alteración de quebradas repercuten en la biodiversidad, la calidad del agua y el transporte de sedimentos. La restauración ecológica puede ayudar a recuperar funciones del paisaje, pero no equivale a eliminar el riesgo de aluviones. También se necesitan cartografía de amenazas, monitoreo de laderas, gestión de cauces y decisiones de uso de suelo acordes con la dinámica de las cuencas.

La experiencia no es exclusiva de la precordillera santiaguina. En el centro-sur de Chile, las cuencas fluviales, los humedales y las zonas urbanas cercanas a ríos también requieren planificación integrada. Proteger un ecosistema y proteger a una comunidad pueden ser objetivos complementarios cuando se considera cómo circula el agua por el territorio.

El costo social: más allá de las imágenes del barro

En su balance del 10 de octubre, SENAPRED informó 384 personas damnificadas, 1.000 evacuadas y seis lesionadas; también reportó 56 viviendas destruidas, 40 con daño mayor y 1.960 con daño menor. Son cifras sujetas a actualización a medida que avanzan los catastros.

Los daños materiales son apenas una parte de la experiencia de un desastre. Se interrumpen desplazamientos, actividades educativas y servicios; las familias deben limpiar, reparar, reponer bienes y reorganizar su vida cotidiana. La vulnerabilidad no se distribuye de manera uniforme: los recursos económicos, el acceso a seguros, la salud y las redes de apoyo influyen en la recuperación.

Fuente del balance: reporte de SENAPRED difundido el 10 de octubre de 2026.

El costo económico: agricultura, infraestructura, energía y pesca

Las emergencias hidrometeorológicas afectan viviendas y caminos, pero también cadenas productivas completas. El Ministerio de Hacienda estimó en US$759 millones los daños del sistema frontal de junio de 2023 en la zona centro-sur; entre ellos destacaron caminos, viviendas, puentes y actividades agropecuarias. El Ministerio de Agricultura estimó, para las inundaciones de agosto de ese mismo año, 274.842 hectáreas afectadas y pérdidas sectoriales por $904 mil millones. Son eventos y metodologías diferentes, por lo que sus cifras no deben sumarse como si representaran una misma cuenta.

Para la agricultura, adaptarse supone revisar la exposición de cultivos e infraestructura de riego, la conservación del suelo y el uso de pronósticos agroclimáticos. Para la energía y el transporte, implica evaluar la continuidad operacional ante crecidas, cortes de caminos y daños en redes. Para la pesca y la acuicultura, los cambios oceanográficos asociados a El Niño pueden modificar la distribución de recursos y las condiciones de producción. La minería, a su vez, necesita gestionar tanto la escasez hídrica como la exposición de instalaciones críticas a eventos extremos.

Fuentes: Ministerio de Hacienda, julio de 2023; Ministerio de Agricultura, agosto de 2023.

¿Qué tan preparado está Chile?

Chile dispone de instrumentos para enfrentar estos riesgos. La Ley Marco de Cambio Climático, el Plan Nacional de Adaptación 2025-2028 y los planes sectoriales establecen responsabilidades para áreas como recursos hídricos, biodiversidad, infraestructura, agricultura, energía, minería, ciudades y pesca. SENAPRED coordina la respuesta a emergencias y existen organismos especializados en meteorología, hidrología y geología.

Tras el aluvión, el Gobierno declaró zona de catástrofe en Las Condes el 9 de octubre, lo que permitió facilitar la coordinación de recursos y las tareas de recuperación. Esa medida muestra capacidad de reacción institucional. No obstante, evaluar la prevención exige preguntas adicionales: ¿se actualizaron los mapas de peligro tras el incendio de 2025?, ¿existían protocolos específicos para una cuenca quemada?, ¿qué obras y medidas de ordenamiento territorial estaban ejecutadas?, ¿cómo se comunicó el riesgo a quienes vivían aguas abajo? Estas preguntas deben investigarse; no constituyen por sí mismas prueba de incumplimiento.

También en el sector privado hay una diferencia entre contar con una política climática y demostrar inversiones, protocolos y resultados verificables. Sin un indicador comparable de exposición, medidas ejecutadas y desempeño ante emergencias, no es riguroso afirmar que todas las industrias están preparadas o que ninguna lo está.

Fuentes: Decreto 28, Plan Nacional de Adaptación; Ministerio del Medio Ambiente, planes climáticos; Ministerio del Interior, declaración de zona de catástrofe.

Prepararse antes de la próxima tormenta

La enseñanza de quebrada Honda no es que toda lluvia extrema produzca inevitablemente un aluvión. Es que el riesgo cambia con la historia del territorio. Una cuenca degradada, una ladera quemada y una urbanización expuesta pueden transformar un episodio meteorológico breve en una emergencia de gran magnitud.

Prevenir exige integrar observaciones del océano y la atmósfera con información de incendios, cobertura vegetal, pendientes, suelos, drenajes y ocupación urbana. También implica evaluar las medidas después de cada emergencia y publicar resultados que permitan aprender de ellas.

El Niño seguirá apareciendo y desapareciendo. El calentamiento global, en cambio, continúa modificando el escenario en que ocurre esa variabilidad. La ciencia puede ayudar a anticipar amenazas, pero reducir los daños depende de lo que decidamos hacer con ese conocimiento.

La pregunta no es solamente cuánta lluvia caerá, sino qué territorio encontrará cuando llegue.

Fuentes para seguir investigando

CR2 — Análisis del aluvión de San Carlos de Apoquindo (2026) · NOAA — Estado de El Niño, octubre de 2026 · DMC — Balance climático de 2025 · Hacienda — Costos de inundaciones de 2023 · MMA — Planes climáticos.

Actualizado al 12 de octubre de 2026. Los balances de emergencia son preliminares; la atribución climática del aluvión continúa abierta a investigación.


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